Log in

Actualidad

Técnica para conciliar el sueño en dos minutos.

Para quienes tienes dificultades para conciliar el sueños, en el libro Relax and Win: Championship Performance, de Lloyd Bud Winter se explica la técnica que la escuela de pilotos del Ejército de Estados Unidos desarrolló para que pudieran descansar lo mismo de día que de noche.

Estos son los pasos a seguir:

  • Primeramente debemos sentarnos en el borde de la cama y no tener ninguna luz encendida, solo la de la mesita de noche. Los celulares deben estar en silencio.
  • Luego hay que relajar los músculos faciales y para ello imitamos como si nos estuviéramos riendo y así los estiramos lo máximo possible y después los relajamos volviendo a la posición normal, hasta que sintamo la cara “desinflada”.
  • Después relajaremos nuestros hombros y brazos, como si algo los estuviera halando hacia abajo. Al mismo tiempo, debemos respirar profundamente y concentrarnos en escuchar el sonido del aire cuando inspiramos y espiramos.
  • Luego relajamos los músculos de las piernas de la misma forma, hasta tumbarnos por completo.
  • Una vez que todo el cuerpo esté relajado, pondremos nuestra mente en blanco durante unos 10 segundos, dejando escapar cualquier pensamiento que pase por nuestras cabezas.
  • Por último debemos imaginarnos tumbados dentro de una canoa, en un lago y mirando el azul del cielo ó en una hamaca que se mece lentamente.

Según el autor Bud Winter, conseguiremos dormirnos con mucha facilidad. Un 96% de los pilotos lograron dormirse con ella después de seis semanas de práctica.

Relacionan la grasa saturada con vulnerabilidad al Alzheimer

Una dieta rica en grasa saturada puede eliminar rápidamente un compuesto químico clave del cerebro que ayuda a proteger de la enfermedad de Alzheimer, según una investigación reciente.

Un estudio publicado  en la revista JAMA Neurology, halló que la grasa saturada de la dieta reduce los niveles en el organismo de la sustancia química apolipoproteína E, también conocida como ApoE, que ayuda a "sacar" a las proteínas beta amiloideas del cerebro.

"Las personas que tenían una dieta rica en grasas saturadas y en azúcar mostraban un cambio en la ApoE, de forma que la ApoE era menos capaz de ayudar a eliminar la amiloidea", apuntó una miembro del equipo de investigación, Suzanne Craft, profesora de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest.

Las proteínas beta amiloideas que quedan sueltas en el cerebro tienen más probabilidades de formar placas que interfieren con la función neuronal, el tipo de placas halladas en los cerebros de los pacientes de Alzheimer.

La dieta también afectó directamente la cantidad de beta amiloidea suelta hallada en el líquido cefalorraquídeo, comentó Craft. Los que tenían una dieta rica en grasa saturada mostraban unos niveles más altos de beta amiloidea en el líquido cefalorraquídeo, mientras que las personas con una dieta baja en grasas saturadas en realidad observaron un declive en esos niveles, apuntó.

"La amiloidea que no se elimina (o que no se vincula con la ApoE para ser eliminada) tiene más probabilidades de convertirse en esta forma tóxica", advirtió Craft.

En el ensayo clínico, liderado por la Dra. Angela Hanson, del Sistema de Salud de Asuntos de Veteranos de Puget Sound en Seattle, participaron 20 personas mayores con una cognición normal y 27 que tenían un deterioro leve en el pensamiento, un precursor de la enfermedad de Alzheimer.

Todos los pacientes tenían casi 70 años, y se les asignó al azar a dietas que contenían la misma cantidad de calorías, pero que eran o ricas o pobres en grasas saturadas. En las dietas ricas en grasas saturadas, el 45 por ciento de la energía total provenía de las grasas, y más de una cuarta parte del total de grasa eran grasas saturadas. En las dietas bajas en grasas saturadas el 25 por ciento de la energía provenía de las grasas, mientras que las grasas saturadas conformaban menos del siete por ciento del total de grasa.

Tras apenas un mes, las dietas provocaron cambios en las cantidades de beta amiloidea y ApoE en el líquido cefalorraquídeo de los participantes, apuntaron los investigadores.

"La dieta puede realmente cambiar los niveles de estas proteínas tóxicas y de los mediadores que ayudan a eliminar a las amiloideas", señaló Craft. "Las dietas que son muy ricas en colesterol malo parecen interferir con la capacidad de la ApoE de eliminar la amiloidea".

Una experta en gerontología que redactó un editorial que acompaña al estudio en la revista, no pensó que el vínculo estaba tan claro.

Aunque el estudio mostró que la dieta puede afectar a la química cerebral, no vincula definitivamente la dieta con el riesgo de Alzheimer de una persona, comentó la Dra. Deborah Blacker, directora de la Universidad de Investigación en Gerontología del Hospital General de Massachusetts, en Boston.

"¿Es plausible decir que esto podría afectar el riesgo de presentar la patología del Alzheimer en el cerebro? No es lo que muestra", dijo Blacker, quien también trabaja en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard. "Muestra que algunos de los compuestos químicos relacionados con la patología del Alzheimer pueden cambiar en respuesta a factores de la dieta".

Sin embargo, el estudio sí ofrece un conocimiento importante sobre el valor de una buena nutrición, aseguró.

"La lección importante a partir de este estudio es que una intervención dietética puede cambiar el registro de amiloidea del cerebro en formas muy constantes y aparentemente significativas, en un periodo corto", escribió Blacker en el editorial. "¿Cambia esto la práctica clínica entre los que aconsejan a pacientes que desean evitar la demencia? Probablemente no, pero añade otra pequeña prueba a la creciente evidencia de que cuidar el corazón probablemente también sea bueno para el cerebro".

Las personas se enfocan en la dieta en términos del peso y de la salud del corazón, pero obvian el factor de que la nutrición puede ser clave también para la función cognitiva, apuntó Craft.

"La dieta es un factor muy poco apreciado en términos de la función del cerebro", señaló. "Está bien establecido para el corazón, el colesterol y la sangre, pero la dieta es esencial para un envejecimiento saludable del cerebro. Muchas de las cosas que el cerebro necesita para funcionar de forma adecuada (los ácidos grasos y ciertos aminoácidos) solo se hallan en la comida".

 

 

 

 

Organización Mundial de la Salud indica: sarampión, diarreas y paludismo relacionados con desnutrición.

La desnutrición aumenta la probabilidad de contraer enfermedades infecciosas como la diarrea, el sarampión, el paludismo y enfermedades respiratorias como la neumonía, y la malnutrición crónica puede afectar al desarrollo físico y mental de un niño pequeño, advierte la Organización Mundial de la Salud.

Estas deficiencias se producen cuando una persona no obtiene una cantidad suficiente de vitaminas y minerales importantes a través de su dieta. La vitamina A por ejemplo es esencial en la formación y mantenimiento de dientes, huesos, tejidos blandos y para el normal funcionamiento del sistema inmunológico y la visión. Este importante nutriente lo encontramos en verduras como la zanahoria y la calabaza, alimentos de origen animal como los huevos y la leche y en frutas como las naranjas.

En poblaciones con altos niveles de malnutrición, en particular aquellas con deficiencia de vitamina A y que no reciben una atención sanitaria adecuada, el sarampión puede llegar a matar al 3-6% de los casos.

El consumo de este nutriente podría salvar hasta 600 mil vidas al año y prevenir millones de padecimientos graves. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, 190 millones de menores de cinco años no reciben suficiente cantidad de este nutriente para mantenerse saludables.

 

El deterioro cerebral por el alcohol continúa después de dejar de beber.

Un estudio publicado por la revista médica JAMA Psychiatry, realizado por un equipo de investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante, un centro mixto de la Universidad Miguel Hernández y el Centro Superior de Investigaciones Científicas en colaboración con el Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, señala que el deterioro cerebral que genera el alcohol, continúa progresando tras dejar de consumirlo.

El estudio señala que "Aunque la toxicidad directa del alcohol cesa al dejar de beber, los cambios en el cerebro siguen progresando”. La hipótesis es que se pone en marcha un proceso inflamatorio que avanza incluso cuando este tipo de bebida ya no se consume. "Creemos que esto también está relacionado con la facilidad de recaída que hay después de dejar de beber, durante el periodo de abstinencia", explica el líder del grupo. "Si somos capaces de intervenir en esta fase temprana, podremos detener los daños y evitar que la persona vuelva a beber".

Todo parece indicar que los daños neurológicos provocados por el alcohol ocurren mucho antes de lo que actualmente se cree. Todas las señales se detectaron con la técnica de adquisición de imágenes por tensor de difusión (DTI), con la que se puede "medir la difusión de las moléculas de agua en el cerebro y devuelve índices de integridad microestructural sensible a las anomalías tisulares que ocurren después del consumo de alcohol, incluso en regiones que parecen normales en otras técnicas de neuroimagen".

En el caso del alcohol no es igual que con el tabaco, por ejemplo, que después de abandonarlo, el organismo empieza a restablecer algunos de sus valores. En el caso del alcohol ni se detiene, ni se revierte.

Relación entre el brócoli y la enfermedad pulmonar

 

Un estudio publicado en la revista Science Translational, realizado por científicos estadounidenses, descubre que un componente que se encuentra en los brotes del brócoli podría ayudar a eliminar las bacterias dañinas que afectan a los pulmones.

Se trata del sulforafano, un químico que está presente en las verduras de la familia de la col y que se presenta como un posible tratamiento para prevenir o reducir las infecciones que a menudo afectan a los fumadores y los pacientes con enfermedades pulmonares.

Las bebidas demasiado calientes pudieran producir cáncer.

La Agencia Internacional para la Investigacióndel Cáncer (IARC), organismo dependiente de la Organización Mundial de Salud (OMS) advierte que consumir con regularidad bebidas muy calientes (más de 65 grados), ya sea café, té, mate o incluso agua puede elevar el riesgo de tener cáncer de esófago. El IARC califica este riesgo al mismo nivel que la carne roja.

Los expertos explican que el calor produce irritación y si se toman bebidas de forma continuada a alta temperatura, esa irritación se convierte en una inflamación crónica del tejido del esófago que genera a su vez una proliferación celular para repararlo y un mayor riesgo de que se produzcan mutaciones cancerígenas.

El cáncer de esófago suele tener mal pronóstico porque no suele identificarse en etapas tempranas; cuando aparece el síntoma de no poder tragar bien tragar bien, ya el tumor puede tener un tamaño de 3 o 4 centímetros.

El informe de la agencia de la OMS no dice nada al respecto del “carajillo”, ese café tan español que se toma caliente y se le añade un chorrito de brandy, pero se debe ser cuidadoso pues podría elevar las posibilidades de sufrir un cáncer de esófago.

El problema es cuando se toma de forma continuada bebidas muy calientes, como se acostumbra en algunas poblaciones de América del Sur, Turquía, China, Irán o Japón.

Tu alternativa nutricional contra el envejecimiento.